“Para mi la clave es que los lectores intuyen que se está diciendo otra cosa. Cuando pasa eso es muy fácil creer que hay una forma de leerla, y esa es la peor forma de leer historieta porque lo único que te va a provocar es frustración y preguntarte qué quiso decir este tipo. Lo que yo quise decir, está dicho, y dicho de forma clara, además”.
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Desde hace décadas la historieta continúa poniendo en duda su identidad como medio. Hasta el día de hoy no hemos dado con una definición de cómo funciona, de sus recursos, de su lenguaje específico. Ni siquiera hay un consenso aceptable sobre la fecha de su creación. Pero de todas las inseguridades que tiene el cómic, la peor es su condición incómoda de arte menor. Y por los múltiples atrasos que tiene nuestro país con respecto a las potencias mundiales del cómic, estas inseguridades están todavía más lejos de ser resueltas.
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La construcción de la secuencia en historieta como lugar de emergencia de la instancia de enunciación.
Todo montaje es una instancia enunciativa, en virtud del sentido que produce la yuxtaposición de elementos. La cadena visual de la historieta es el producto de una enunciación, marcada por elecciones en cuanto a ritmos, grados de repetición o de elipsis, selección de momentos significativos y apuestas a la transparencia o la exhibición de los recursos. La utopía de una enunciación transparente que niegue el significante enfrenta obstáculos notables en historieta, dado que existe una inevitable tensión entre la página como totalidad plástica y la construcción del relato: la historieta propone imágenes articuladas por un eje temporal, pero dispone esas imágenes en coexistencia sobre un plano. Sin embargo, la elección de un sistema de montaje "transparente", o su desvío, permite establecer tipologías sobre el régimen de enunciación elegido, y su relación con tradiciones genéricas o estilísticas. Pueden aislarse dos formas básicas de desvío, la elipsis y el análisis: el borrado de momentos clave o su descomposición en múltiples viñetas, y ambos funcionan como subrayados de la instancia de enunciación. Se analizan secuencias mínimas en tres historietas policiales pertenecientes a sucesivos estados del campo: "Cayena" (Oesterheld y Haupt), "Savarese" (Wood y Mandrafina) y Alack Sinner (Sampayo y Muñoz).
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Un panorama general de los principales aportes a lo largo de medio siglo.
A casi un siglo de sus tanteos iniciales, la historieta argentina se ha forjado una trayectoria que le permite contar con un apreciable grado de reconocimiento a nivel internacional. Ese prestigio reconoce dos orígenes principales: la época dorada que vivió durante casi toda la década del cincuenta, con grandes sucesos editoriales, aceptación popular y la creación de personajes leídos y recordados por varias generaciones y, agotada esa etapa, otros períodos o momentos creativos que sin alcanzar aquella magnitud sirvieron sí para ratificar los pergaminos obtenidos anteriormente, circunstancia a la que se suma la repercusión en el mercado internacional de la obra de diversos dibujantes y guionistas argentinos y de sus creaciones. Con tales antecedentes resulta natural que a lo largo de los años se haya acumulado un importante cuerpo de estudios de investigación, crítica y análisis sobre la historieta argentina.
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Reseña de "Fueye", de Jorge González.
Fueye es un tebeo amargo y que textual y gráficamente ahonda en esa amargura. La aflicción se traduce en sus páginas arrastradas y sucias, tornadizas al sepia o a veces abandonadas en el croquis. Todo está aparentemente concebido para representar una memoria desdibujada, o sucia (por turbia), con abocetado fosco y terminación aparentemente desatendida. Un efecto, deliberado en realidad, que su edición por Sinsentido roba parcialmente al lector a causa de su lujosa edición, con un satinado que resta brillantez a la obra, paradójicamente, aportando resplandores allí donde la luz es mortecina, apañando blancos en un marco de luz crepuscular. Hubiera merecido este libro un papel más graso y pulposo, con la esencia del tiempo contenido en sus arrugas.
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